La palabra Biblia es una palabra de origen griego, que literalmente significa "libro" o “papiro”. Del griego, paso la palabra al latín como singular femenino: La Biblia. El término se refiere a una colección de obras consideradas sagradas por los judíos y la Iglesia. La Biblia está dividida en dos partes de longitud desigual, generalmente llamadas Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.
La palabra latina testamento se entiende como "voluntad" o "pacto" "disposición final" o "última voluntad", es decir "voluntad". La Biblia también recibe el nombre de sagradas escrituras.
Otro factor importante a destacar es que la Biblia es la palabra de Dios. La Biblia contiene el mensaje de los profetas, las palabras de Jesús y el testimonio de los apóstoles Los apóstoles hablaron en diferentes momentos y en diferentes circunstancias inspirados por dios, pero todos proclamaron la palabra de Dios.
Después de transmitir la verdad a través de los profetas, Dios expresó su posición en la obra personal y redentora de Jesús en la carta a los hebreos (1.1-2): En la antigüedad, Dios habló a través nuestros antepasados los profetas. Ahora, en estos últimos momentos, ha hablado con nosotros a través los discípulos y de su hijo amado Jesús.
En el año 1947, en una cueva oscura al oeste del Mar Muerto, pastores beduinos encontraron algunos rollos cuidadosamente colocados en diez recipientes de barro. No sabían lo que encontraron, pero vendieron los carretes a proveedores cercanos. Este fue el comienzo de un sorprendente descubrimiento arqueológico. Al final, se encontraron 800 manuscritos diferentes en 11 cuevas cerca del valle. Se recuperaron un total de unos 60.000 fragmentos, volúmenes parciales o completos de estos 800 manuscritos, que cubren muchos temas.
En las vasijas que los contenían fueron encontrados diversidad de fragmentos, así como copias completas de todos los libros del Antiguo Testamento con excepción del libro de Ester. Estos escritos fueron colocados en estas cuevas a mediados del siglo I DC y el hecho sorprendente es que permanecieron allí durante 1900 años. Pero, ¿por qué son tan importantes para nosotros estos los Rollos del Mar Muerto? La razón es que antes de este descubrimiento, el manuscrito más antiguo de la Biblia data del siglo IX D.C.
Pero, por ejemplo, ahora podemos ver todo el rollo de Isaías, que data del siglo II AC. Es mil años más antiguo que cualquier escritura hebrea que se tenía antes de 1947.
Aunque no todos los libros se han desdoblado y traducido después de medio siglo. Estos textos son muy similares a los documentos que ya tenemos. La diferencia es menos del dos por ciento, y ninguna doctrina de la Biblia que tenemos ha cambiado. Los Rollos del Mar Muerto no representan una amenaza para la fe cristiana, sino que brindan un apoyo convincente para la veracidad de la revelación de Dios en la Biblia. Darle clic para ver el libro de isaías en pergamino.
La palabra Biblia es una palabra de origen griego, que literalmente significa "libro" o “papiro”. Del griego, paso la palabra al latín como singular femenino: La Biblia. El término se refiere a una colección de obras consideradas sagradas por los judíos y la Iglesia. La Biblia está dividida en dos partes de longitud desigual, generalmente llamadas Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.
La palabra latina testamento se entiende como "voluntad" o "pacto" "disposición final" o "última voluntad", es decir "voluntad". La Biblia también recibe el nombre de sagradas escrituras.
Otro factor importante a destacar es que la Biblia es la palabra de Dios. La Biblia contiene el mensaje de los profetas, las palabras de Jesús y el testimonio de los apóstoles Los apóstoles hablaron en diferentes momentos y en diferentes circunstancias inspirados por dios, pero todos proclamaron la palabra de Dios.
Después de transmitir la verdad a través de los profetas, Dios expresó su posición en la obra personal y redentora de Jesús en la carta a los hebreos (1.1-2): En la antigüedad, Dios habló a través nuestros antepasados los profetas. Ahora, en estos últimos momentos, ha hablado con nosotros a través los discípulos y de su hijo amado Jesús.
En el año 1947, en una cueva oscura al oeste del Mar Muerto, pastores beduinos encontraron algunos rollos cuidadosamente colocados en diez recipientes de barro. No sabían lo que encontraron, pero vendieron los carretes a proveedores cercanos. Este fue el comienzo de un sorprendente descubrimiento arqueológico. Al final, se encontraron 800 manuscritos diferentes en 11 cuevas cerca del valle. Se recuperaron un total de unos 60.000 fragmentos, volúmenes parciales o completos de estos 800 manuscritos, que cubren muchos temas.
En las vasijas que los contenían fueron encontrados diversidad de fragmentos, así como copias completas de todos los libros del Antiguo Testamento con excepción del libro de Ester. Estos escritos fueron colocados en estas cuevas a mediados del siglo I DC y el hecho sorprendente es que permanecieron allí durante 1900 años. Pero, ¿por qué son tan importantes para nosotros estos los Rollos del Mar Muerto? La razón es que antes de este descubrimiento, el manuscrito más antiguo de la Biblia data del siglo IX D.C.
Pero, por ejemplo, ahora podemos ver todo el rollo de Isaías, que data del siglo II AC. Es mil años más antiguo que cualquier escritura hebrea que se tenía antes de 1947.
Aunque no todos los libros se han desdoblado y traducido después de medio siglo. Estos textos son muy similares a los documentos que ya tenemos. La diferencia es menos del dos por ciento, y ninguna doctrina de la Biblia que tenemos ha cambiado. Los Rollos del Mar Muerto no representan una amenaza para la fe cristiana, sino que brindan un apoyo convincente para la veracidad de la revelación de Dios en la Biblia. Darle clic para ver el libro de isaías en pergamino.
La “Sagrada Biblia” es un tesoro divino, un regalo celestial concedido por el Señor para revelar Su voluntad, Su carácter y Su plan eterno de salvación. Aunque fue escrita a lo largo de muchos siglos por diversos hombres y mujeres escogidos —aproximadamente más de treinta autores humanos, provenientes de contextos, regiones, idiomas y épocas muy distintas—, la Palabra de Dios proclama con claridad que “su verdadero y supremo Autor es el propio Dios”. La Escritura declara: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”” (2 Timoteo 3:16). Esta inspiración no significa que los hombres escribieron según su propio juicio, sino que fueron movidos por el Espíritu Santo para comunicar fielmente lo que Dios quería revelar: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).
Así, aunque los instrumentos fueron humanos, “la voz, la autoridad y el mensaje pertenecen plenamente a Dios”. Por eso el pueblo del Señor puede descansar en la absoluta veracidad, pureza y confiabilidad de las Escrituras, tal como afirma el salmista: “Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada… siete veces” (Salmo 12:6); y también: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).
La estructura de la Biblia.
La Biblia se divide en dos grandes secciones conocidas como “Antiguo Testamento” y “Nuevo Testamento”. El término “testamento” significa “pacto”, “alianza” o “un acuerdo establecido por escrito”. A través de esta división podemos observar la revelación progresiva de Dios a la humanidad.
“El Antiguo Testamento”
Relata desde la creación del universo —como nos lo muestra el libro de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1)— hasta los días previos al nacimiento de Jesucristo, cerrando con el libro del profeta Malaquías. Su propósito es revelar la obra creadora de Dios, Su pacto con Israel y Su promesa de un Redentor venidero, como se anuncia en múltiples profecías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Isaías 7:14) y “Mas él herido fue por nuestras rebeliones” (Isaías 53:5).
El número de libros del Antiguo Testamento varía según las tradiciones: 39 libros en las comunidades protestantes, anglicanas, judíos rabínicos y caraítas. 49 en la tradición católica y 55 en las iglesias ortodoxas.
Aun así, en todos ellos se conserva el testimonio del Dios vivo que actuó en la historia para dirigir a Su pueblo, enseñarles Su ley y anunciar al Mesías prometido.
“El Nuevo Testamento”
El Nuevo Testamento contiene 27 libros, desde los cuatro Evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— donde se narra la vida, obra, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, hasta el libro de Apocalipsis, donde se revela el cumplimiento final del plan redentor de Dios y la consumación de los tiempos. En él se confirma que Jesús es el cumplimiento de la promesa divina: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16).
“¿Cómo podemos tener certeza de que la Biblia no fue alterada?”
Es natural que el ser humano, deseoso de conocer la verdad, se pregunte si los escritos sagrados que han llegado a nuestras manos son fieles a los originales. La Escritura misma declara que Dios vela por Su Palabra: “La hierba se seca, la flor se marchita; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8). Y también: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).
Los escritos bíblicos fueron registrados originalmente en materiales frágiles —piedra, pergaminos, papiros y pieles— que con el tiempo se deterioraban. Debido a esto, las Escrituras debieron ser copiadas a mano durante siglos por escribas dedicados que procuraban preservar con fidelidad cada palabra. Aunque los manuscritos originales ya no existen, contamos hoy con miles de copias antiguas que permiten comprobar la integridad del texto bíblico.
Uno de los descubrimientos más extraordinarios en apoyo de esta fidelidad son los “Manuscritos del Mar Muerto”, hallados entre 1946 y 1956 en las cuevas de Qumrán, ubicadas entre Israel, Jordania y Palestina. Estos manuscritos contienen copias de la mayoría de los libros del Antiguo Testamento, algunas de ellas con una antigüedad de más de 750 años antes de Cristo. Al compararse estos textos con versiones posteriores, se confirma que “la Palabra de Dios ha sido preservada con una precisión sorprendente”, testimonio de la fidelidad divina para guardar Su revelación. Sin duda, todo esto refleja que el Señor cumple Su promesa: “Yo velo sobre mi palabra para cumplirla” (Jeremías 1:12).
Conclusión.
La Biblia no es simplemente un libro antiguo, sino “la voz viva de Dios para cada generación”. Es la guía perfecta para la fe y la vida cristiana, pues “es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12). En ella encontramos la verdad que conduce a la salvación, la luz que orienta nuestros pasos y la esperanza segura en Cristo Jesús.
Que el pueblo del Señor siempre se acerque a las Escrituras con reverencia, amor y obediencia, sabiendo que en ellas habla el Dios eterno que no miente y que ha revelado Su corazón para que podamos conocerle y vivir conforme a Su voluntad. Amén.
La “Sagrada Biblia” es un tesoro divino, un regalo celestial concedido por el Señor para revelar Su voluntad, Su carácter y Su plan eterno de salvación. Aunque fue escrita a lo largo de muchos siglos por diversos hombres y mujeres escogidos —aproximadamente más de treinta autores humanos, provenientes de contextos, regiones, idiomas y épocas muy distintas—, la Palabra de Dios proclama con claridad que “su verdadero y supremo Autor es el propio Dios”. La Escritura declara: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”” (2 Timoteo 3:16). Esta inspiración no significa que los hombres escribieron según su propio juicio, sino que fueron movidos por el Espíritu Santo para comunicar fielmente lo que Dios quería revelar: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).
Así, aunque los instrumentos fueron humanos, “la voz, la autoridad y el mensaje pertenecen plenamente a Dios”. Por eso el pueblo del Señor puede descansar en la absoluta veracidad, pureza y confiabilidad de las Escrituras, tal como afirma el salmista: “Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada… siete veces” (Salmo 12:6); y también: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).
La estructura de la Biblia.
La Biblia se divide en dos grandes secciones conocidas como “Antiguo Testamento” y “Nuevo Testamento”. El término “testamento” significa “pacto”, “alianza” o “un acuerdo establecido por escrito”. A través de esta división podemos observar la revelación progresiva de Dios a la humanidad.
“El Antiguo Testamento”
Relata desde la creación del universo —como nos lo muestra el libro de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1)— hasta los días previos al nacimiento de Jesucristo, cerrando con el libro del profeta Malaquías. Su propósito es revelar la obra creadora de Dios, Su pacto con Israel y Su promesa de un Redentor venidero, como se anuncia en múltiples profecías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Isaías 7:14) y “Mas él herido fue por nuestras rebeliones” (Isaías 53:5).
El número de libros del Antiguo Testamento varía según las tradiciones: 39 libros en las comunidades protestantes, anglicanas, judíos rabínicos y caraítas. 49 en la tradición católica y 55 en las iglesias ortodoxas.
Aun así, en todos ellos se conserva el testimonio del Dios vivo que actuó en la historia para dirigir a Su pueblo, enseñarles Su ley y anunciar al Mesías prometido.
“El Nuevo Testamento”
El Nuevo Testamento contiene 27 libros, desde los cuatro Evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— donde se narra la vida, obra, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, hasta el libro de Apocalipsis, donde se revela el cumplimiento final del plan redentor de Dios y la consumación de los tiempos. En él se confirma que Jesús es el cumplimiento de la promesa divina: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16).
“¿Cómo podemos tener certeza de que la Biblia no fue alterada?”
Es natural que el ser humano, deseoso de conocer la verdad, se pregunte si los escritos sagrados que han llegado a nuestras manos son fieles a los originales. La Escritura misma declara que Dios vela por Su Palabra: “La hierba se seca, la flor se marchita; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8). Y también: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).
Los escritos bíblicos fueron registrados originalmente en materiales frágiles —piedra, pergaminos, papiros y pieles— que con el tiempo se deterioraban. Debido a esto, las Escrituras debieron ser copiadas a mano durante siglos por escribas dedicados que procuraban preservar con fidelidad cada palabra. Aunque los manuscritos originales ya no existen, contamos hoy con miles de copias antiguas que permiten comprobar la integridad del texto bíblico.
Uno de los descubrimientos más extraordinarios en apoyo de esta fidelidad son los “Manuscritos del Mar Muerto”, hallados entre 1946 y 1956 en las cuevas de Qumrán, ubicadas entre Israel, Jordania y Palestina. Estos manuscritos contienen copias de la mayoría de los libros del Antiguo Testamento, algunas de ellas con una antigüedad de más de 750 años antes de Cristo. Al compararse estos textos con versiones posteriores, se confirma que “la Palabra de Dios ha sido preservada con una precisión sorprendente”, testimonio de la fidelidad divina para guardar Su revelación. Sin duda, todo esto refleja que el Señor cumple Su promesa: “Yo velo sobre mi palabra para cumplirla” (Jeremías 1:12).
Conclusión.
La Biblia no es simplemente un libro antiguo, sino “la voz viva de Dios para cada generación”. Es la guía perfecta para la fe y la vida cristiana, pues “es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12). En ella encontramos la verdad que conduce a la salvación, la luz que orienta nuestros pasos y la esperanza segura en Cristo Jesús.
Que el pueblo del Señor siempre se acerque a las Escrituras con reverencia, amor y obediencia, sabiendo que en ellas habla el Dios eterno que no miente y que ha revelado Su corazón para que podamos conocerle y vivir conforme a Su voluntad. Amén.